Cuento diez minutos de mi vida. Como si después de ellos fuera a acabarse todo.
Pierdo los dos primeros en pensamientos fugaces, y luego acepto la realidad de que esto no acaba aquí. De que solo es una idea más que he tenido, porque ahora mismo solo tengo diez minutos hasta que acabe el día 27 de abril, y empiece el 28.
Solo me quedan siete. Un número precioso, podría decir que hace siete años que te conozco, que pienso siete veces en ti al día...
Pero es una tontería decir cosas que tú ya sabes.
Quiero llegar a la verdad universal en tiempo récord, adonde nace el sentimiento, el que me hace quererte cada día más, aunque seas un ser irracional y confundas términos, aunque me den ganas de regañarte cada vez que te veo, pero necesito algo que sea tan fugaz como los seis minutos frenéticos que por ti me quedan viviendo.
Necesito algo, como tu sonrisa, como tu absurda sonrisa, inquisitiva, y fría, como esos ojos azules observando el infinito chiquitito que supongo a tu presencia... y ya solo quedan cinco minutos para decirte que lo siento. Que siento volverme chiquitita en tu presencia, ser cada vez más y más pequeña, porque aunque cada día yo me haga más vieja, tú te haces más grande (y no solo físicamente, malvada bruja)
Y cuatro minutos me quedan, para decirte que te odio, como si llevaras cuatro años sin hablarme, como si te necesitara para respirar y pasaras demasiado tiempo lejos cuatro minutos para ello. Así que no me desobedezcas
Tres para decirte que me alegro de verte, que me hace feliz que sonrías, que despegues, que pintes, que bailes, y que te equivoques. Me hace feliz que crezcas.
Dos minutos me faltan, dos minutos en los que no me va dar tiempo a poner en una frase todo el orden de lo que quiero, pues si empiezo contigo, contigo acabo, y si acabo contigo, en la mitad te dejo. No me caben las palabras ni en renglones eternos, no me caben, pequeña, porque necesito el último minuto para decirte que te quiero.
Y el resto del año, hasta tu próximo aniversario, se pasarán las horas volando, hasta que lleguen los diez minutos frenéticos, en los que observo, recuerdo y anhelo, como si casi no existieras, como si no siguieras delante, y vacío el cuenco, el alma, el sentimiento. Y en 10 minutos te digo que nunca me arrepiento, de haber dado contigo, con tus ojos, con tus labios, y con tus besos.
Que no me arrepiento, de derrochar un minuto en decirte que te quiero.
A esa pequeña enana a la que quiero tanto, tanto tanto. Como si fuera mi hermana.
4. Cuatro pasos
Hace 3 meses


